Como nosotros


Aquí estará siempre el huerto en fruto,

como nosotros,

me dijiste.

¿Fruto?, ¿qué fruto?

¿Huerto?, ¿qué huerto?.

Tu brazo ha levantado el aire,

la mesa ha quedado vertida,

todo en el suelo,

las manzanas se hunden,

podría hurgarlas.



Aquí está siempre el huerto en fruto.

No.

Hiela sobre las leñosas.




Para escuchar primero uno y luego otro, los dos a la vez, o ninguno.


Y ahí reside el engaño azul

Las estalactitas irrefutables
ancladas al techo
de la verdad
señaladas imperiosamente
por su verbo pródigo
emitiendo un ronco sonido
que filtra
la garganta de un delfín en escorzo
y ahí reside
el engaño
azul.
Las columnas de cuarzo
que aparto
con la intuición de mi agotamiento,
palma y dedos,
mi mano imperceptible,
de soslayo
resaltando una pesada cortina.
hola
hola
hola

Observación


Un banco que apostilla desde enfrente
que si veo que su herrumbre está en los límites
no hace falta ir muy lejos
a la izquierda está mi asiento también resquebrajado

y una hormiga diminuta sin podómetro
recorre la textura craquelada
dos minutos después
me hace cosquillas en el cuello
y no sé si aplastarla
o esperar


Las condiciones

Hay ondas en la arena y es un zigzag de queloides,
que graban sargantanas ajenas a su propia trayectoria.
Hay estrías que rasgó una ondina, entornándose sobre si, obsesiva.
Las algas en la orilla son mechones que el mar se mutila
para exclamar su ultraje.
Cuando tenía siete años, me asustaba el dibujo
de una proa enredada en sargazos.

Raíces inseridas en mi carne,
piel injertada en tu corteza,
tus ramas cubriendo desnudez,
materia tuya que apuntala vacíos,
y yo... evadiéndome...
En contra de esquemas y pronósticos
vislumbro fuerzas irresistibles
que conjuran con cuerpos inamovibles,
bifurcaciones irisadas,
sin ser refulgentes,
y otras dimensiones medicinales
buenas para mi espíritu
en sus matices incompletos.
Arropar ese credo entre lino blanco,
incuba su germinación posible,
¿por qué no?
Aunque el mascarón estrangulado por los sargazos
me recuerde las condiciones.